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Pensativamente

Para pensar me gusta mucho pasear. No, no es un eslogan sacado de una campaña en contra del uso del coche. Es la pura verdad, en Cartagena tenemos la suerte de disfrutar de días soleados como pocos, así que disfruto mucho yendo por la Muralla del Mar, bordeando el puerto de Cartagena y escuchando como el viento se desliza a través de las hojas del césped. Para mí, es un momento idóneo para pensar. Me encanta ir a allí a “ordenar” pensamientos y entrar, de alguna manera en contacto con las cosas que de verdad me importan.

Siempre he pensado que es importante, de vez en cuando, quedarse en silencio y pensarse a uno mismo. No sólo hay que hacerlo cuando se está regular, o cuando se tienen cosas que hacer. Creo que cuando nos sentimos capaces de cualquier cosa, hay que establecer contacto con ese “yo interno” para poder canalizar la energía más efectivamente.

Así que os invito a pensar en vuestras cosas, a quedaros en silencio y a descubrir cosas bonitas. Podéis pasear por la Muralla del Mar del puerto de Cartagena… quizá encontréis algún pensamiento mío flotando en el césped.

 
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Publicado por en mayo 5, 2011 in Uncategorized

 

Las ganancias a corto y a largo plazo. La inversión positiva.

No siempre lo que se gana está relacionado con el dinero ni ese dinero se gana de forma directa por el trabajo. Sin embargo, como personitas que somos, tendemos a este pensamiento y nos equivocamos. Las ganancias que pueden obtenerse cuando no se obtienen ganancias, a veces son mayores a la larga.

Esperamos que nos paguen directamente por lo que estamos haciendo y pienso que eso también es producto de lo que nos ha enseñado la sociedad actual: las cosas cuanto antes y más rápido mejor. No puedo dejar de pensar que la inversión positiva es algo más grande que cobrar ahora.

Por ejemplo, cuando nos quedamos haciendo algo más de lo que se supone que esperan de nosotros, eso redunda en la relación con los demás, haciendo que sepan que pueden confiar en nostros o, simplemente, dándonos beneficios por estar ahí.

Para mí, un buen ejemplo de lo que es esta inversión positiva, se plasma en una parte del libro de Randy Pausch La Última Lección.  Contiene muchas cosas para reflexionar y aprender y una de ellas se denomina El pimentero de los 100000 dólares:

Cuando tenía doce años de edad y mi hermana tenía catorce, fuimos en familia a Disnevlandia, en Orlando. Nuestros padres pensaron que éramos lo bastante mayores para vagar por los alrededores del parque sin necesidad de supervisarnos. En aquellos días previos al teléfono celular, mamá y papá nos pidieron que fuéramos cuidadosos, eligieron un punto de reunión para encontrarnos allí hora y media después, y luego nos dejaron ir.

                ¡Imagínense la emoción que sentimos! Nos encontrábamos en el sitio más genial del mundo y nos dieron libertad para explorarlo a nuestro antojo. También nos sentíamos agradecidos al extremo con nuestros padres por llevarnos allí y por reconocer que éramos lo bastante maduros para pasear por nuestra cuenta, de manera que decidimos juntar nuestro dinero y comprarles un obsequio.

                Nos dirigimos hacia una tienda y encontramos lo que consideramos que era el regalo perfecto: un salero y pimentero de cerámica con la figura de dos osos que colgaban de un árbol; cada uno de ellos sostenía un recipiente. Pagamos diez dólares por el obsequio, salimos de la tienda y saltamos a lo largo de la calle principal en busca de la siguiente atracción.

                Yo sostenía el regalo y, en un terrible instante, se deslizó de mis manos. El obsequio se rompió con el impacto. Mi hermana y yo nos ahogamos en lágrimas.

                Una visitante del parque vio lo que había ocurrido y se acercó a nosotros.

                —Llévenlo a la tienda —nos sugirió—. Estoy segura de que les darán uno nuevo.

                —No puedo hacer eso —respondí—. Fue mi culpa. Yo lo dejé caer. ¿Por qué nos daría la tienda uno nuevo?

                —Inténtenlo de cualquier modo —dijo la señora—. Nunca se sabe.

                Así que regresamos a la tienda… y no mentimos. Explicamos lo que había sucedido. Los empleados de la tienda escucharon nuestra triste historia, nos sonrieron… y nos dijeron que nos darían un salero y pimentero nuevo. ¡Incluso dijeron que había sido su culpa porque no habían envuelto de manera apropiada el salero y pimentero original! Su mensaje fue: “Nuestro empaque debió soportar una caída debido a la excitación de un cliente de doce años de edad”.

                Eso me impresionó mucho. No sólo sentí gratitud, sino incredulidad. Mi hermana y yo salimos de la tienda aturdidos por completo.

                Cuando mis padres se enteraron del incidente, en verdad se incrementó su aprecio por Disneylandia. De hecho, esa decisión de servicio al cliente con referencia a un salero y pimentero de diez dólares puede haber representado una ganancia de más de 100.000 dólares para Disney.

                Permíteme explicarlo.

                Años después, como consultor de los creativos de Disney, algunas veces conversé con altos ejecutivos de la jerarquía de mando de Disney y, siempre que se me presentó la oportunidad, les relataba la historia del salero y pimentero.

                Les explicaba que las personas de aquella tienda de regalos nos habían hecho sentir muy bien acerca de Disney a mi hermana y a mí, y cómo ese incidente había provocado que mis padres apreciaran a la institución desde un nivel muy distinto.

                Mis padres hicieron de las visitas a Disneylandia una parte integral de su trabajo voluntario. Tenían un autobús para 22 pasajeros que utilizaban para llevar a estudiantes de inglés como segundo idioma desde Maryland para visitar el parque. Durante más de veinte años, mi padre compró boletos para que docenas de niños fueran a Disneylandia. Yo fui a la mayoría de esos viajes.

                Después de todo, a partir de ese día, mi familia ha invertido más de 100.000 dólares en Disneylandia en boletos, alimentos y recuerdos para nosotros y para otras personas.

                Cuando cuento esta historia a los ejecutivos de Disney actuales, siempre finalizo con esta pregunta:

                —Si yo envío a un niño a una de sus tiendas con un salero y pimentero roto el día de hoy, ¿permitirán sus políticas a sus trabajadores que sean lo bastante amables para reponerlo?

                Los ejecutivos se incomodan ante dicha pregunta pues conocen la respuesta: es probable que no.

                La razón es que en ninguna aplicación de su sistema de contabilidad pueden ellos medir cómo es que un salero y pimentero de diez dólares puede producir una utilidad de 100.000. Por tanto, es fácil deducir que un niño de hoy no tendría tanta suerte y saldría de la tienda con las manos vacías.

                Mi mensaje es el siguiente: existe más de una manera de medir las ganancias y las pérdidas. En todos los niveles, las instituciones pueden y deben tener corazón.

                Mi mamá todavía tiene ese salero y pimentero de 100.000 dólares. El día en que los empleados de Disneylandia lo sustituyeron fue grandioso para nosotros… ¡y no fue un mal día para Disney!

 

Una historia para reflexionar, ¿no? Cuando tengamos la sensación de que no nos están dando lo que merecemos por el trabajo que estamos realizando en este momento, estaría bien que nos parásemos a pensar que, cual efecto mariposa, ese gesto puede atraer consecuencias grandes y prósperas para nosotros.

 
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Publicado por en abril 27, 2011 in Opinión

 

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Todo es nuevo

Todo es nuevo cuando amanece. Cada día, podemos decidir si lo que tenemos delante nuestro es el desafío de la vida o es un problema que hay que resolver. Porque cada día, se introduce en nuestro cuerpo la posibilidad de 24 horas estupendas. No hay manera de ganar más ni de perder (aunque alguien así se empeñe el tiempo no se pierde, se invierte mejor o peor), es una “tabula rasa” que nos pone a todos por igual. Lo que nos distingue es cómo lo utilizamos, cómo pensamos sobre ese tiempo que tenemos.

Podemos decidir que el día que acaba de empezar es gris, porque pasaron una serie de cosas que, ciertamente, son horribles y que nos impiden centrarnos en nuestros quehaceres diarios.

También podemos decidir que el día que acaba de empezar es un día más, ni mejor ni peor, que pasará sin pena ni gloria por nuestra lista de días que pasarán sin pena ni gloria.

Sin embargo, sigo siendo de los que piensan que tenemos la posibilidad de mirar la vida con una sonrisa, sobre todo en estos tiempos que dicen que tenemos de crisis. Sigo pensando que la libertad última del hombre es la de la capacidad que tiene de decidir cómo quiere pensar sobre las cosas que pasan. Porque, si todo es nuevo cuando amanece, nuestra manera de ver las cosas también pueden ser nuevas cuando amanece y esa sonrisa a la vida empezará a gestar un cambio verdadero en todo el mundo. Porque siempre queda el perfume en la mano que arranca la flor…

 
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Publicado por en abril 27, 2011 in Opinión

 

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El egoismo.

Según el diccionario de la RAE, el egoísmo se define de la siguiente manera:

Egoísmo:

(Del lat. ego, yo, e -ismo).

1. m. Inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás.

2. m. Acto sugerido por esta condición personal.

Inmoderado y excesivo… bueno, la verdad es que la definición de egoísmo siempre ha tenido bastante mala fama. Pero veamos: del latín ego, yo, e –ismo. Y bien, ¿dónde está el –ismo? No queda definido. No podemos entenderlo del todo si no tenemos una definición etimológica. Así que busco el significado de –ismo, como sufijo y esto es lo que encuentro:

1.- Sufijo formativo de sustantivos abstractos que denota algún tipo de doctrina, tendencia, teoría o sistema.

2.- Sufijo formativo de sustantivos que denotan la procedencia original de un vocablo, expresión o giro lingüístico en una lengua, normalmente construída a partir de la raíz latina del nombre de ésta.

Muy bien, ya tenemos algo más claro: resulta que tenemos un sustantivo que denota una tendencia al yo. Claro, en una sociedad que tiende a la hipocresía, es obvio que esto no está demasiado bien. No es políticamente correcto.

Sin embargo pensemos en mi anterior entrada. Decía que existen dos tipos de dolor, uno rápido que duele inmensamente pero que con el tiempo se cura y existe la posibilidad de que quede la paz, y otro menos intenso, pero que nos empeñamos en prolongar durante el tiempo que haga falta dañándonos de una manera muy intensa. Y es entonces, cuando tenemos que preguntarnos: ¿no sería bueno que tuviéramos una tendencia acentuada al yo? No sería mejor que dijéramos: bien, puedo elegir y debo elegir para no sufrir, porque me quiero y entiendo que es mejor un sufrimiento corto que uno largo y sin visos de terminar.

Y eso, entonces sería egoísmo. Pero un egoísmo bien entendido y, por supuesto, necesario. Uno que nos haga pensar que la persona más importante de nuestra vida somos nosotros y que poca gente, por no decir nadie, va a mirar por nuestro bienestar como miramos nosotros mismos.

En la anterior entrada decía que cada uno debía elegir qué dolor quería. Hoy digo, que cada uno elija su actitud y decida si quiere practicar el egoísmo o no.

 
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Publicado por en abril 25, 2011 in Opinión

 

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¿El dolor a la larga o el dolor que sana?

¿Qué nos impulsa a tener comportamientos dañinos con uno mismo? A veces, las personas actuamos de manera estúpida, ya sea por el amor, por no querer enfrentarnos a determinadas situaciones o por miles de cosas. A fin de cuentas, esas características son tan diferentes porque las personas somos así, diferentes (“cada persona es un mundo” que diría mi madre).

Los comportamientos dañinos se manifiestan de muchas maneras. Hay quienes beben porque se divierten, pero luego tienen una resaca descomunal y eso, no es divertido. Hay quienes disfrutan de una buena comilona o que disfrutan comiendo en general, pero luego las consecuencias para el organismo a la larga son nefastas.

Sin embargo, más allá de lo que suponen los típico comportamientos dañinos, como los que acabo de decir (a estos podríamos sumarle el tabaco, y cualquier adicción que queramos). Están los comportamientos dañinos desde el aspecto psicológico. Y eso es lo que me estaba preguntando hoy: qué puede llevar a una persona a tener comportamientos dañinos consigo mismo.

Supongamos el caso del amor: algunas veces, este sentimiento que tenemos nos impulsa a cometer las mayores estupideces imaginables. Nos sentimos vulnerables, sobre todo si la persona amada no corresponde a nuestro sentimiento. En cualquier momento, puede hacer con nosotros lo que quiera, realizar su santa voluntad y, encima, pedir perdón si no lo hacemos correctamente. Algunas veces la simple idea de terminar para siempre con una relación y cesar en nuestro empeño por estar cerca de esa persona, nos provoca pavor. Queremos que, al menos, nos siga tratando como un despojo, porque eso supone estar cerca de esa persona, que al menos podemos ver y soñar con ella.

Pienso, en definitiva, que el dolor que nos produce terminar con una relación, sea de amistad o de amor (del falso o del verdadero), es grandísimo sí, pero es un dolor que se manifiesta en el presente. No es un dolor que estamos arrastrando desde que esa persona empezó a hacernos daño y tampoco es un dolor que nos llevamos cargado toda la vida. Duele mucho, pero duele ahora y nuestro cuerpo querrá dejar de sufrir así. El otro dolor nos duele menos pero es constante… cada uno que elija el dolor que más soporte.

 
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Publicado por en abril 22, 2011 in Opinión

 

Esto es un director

Estos días estoy dedicándome mucho a la música, puesto que tengo una prueba de la que ya os daré más datos, si la cosa va como espero que vaya. De momento, he encontrado un vídeo que merece mucho la pena. El protagonista, Ben Zander, es el director de la Orquesta de Boston y se dedica, entre otras muchas cosas, a dar conferencias donde trata de acercar la música clásica lo máximo posible.

No había oído hablar de este hombre nunca y la verdad es que hay determinadas cosas que dice que merecen mucho la pena. Por eso, como una imagen vale más que mil palabras, os dejo este vídeo para que disfrutéis tanto como yo he disfrutado.

 

 

 
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Publicado por en octubre 28, 2010 in Opinión

 

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