Según el diccionario de la RAE, el egoísmo se define de la siguiente manera:
Egoísmo:
(Del lat. ego, yo, e -ismo).
1. m. Inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás.
2. m. Acto sugerido por esta condición personal.
Inmoderado y excesivo… bueno, la verdad es que la definición de egoísmo siempre ha tenido bastante mala fama. Pero veamos: del latín ego, yo, e –ismo. Y bien, ¿dónde está el –ismo? No queda definido. No podemos entenderlo del todo si no tenemos una definición etimológica. Así que busco el significado de –ismo, como sufijo y esto es lo que encuentro:
1.- Sufijo formativo de sustantivos abstractos que denota algún tipo de doctrina, tendencia, teoría o sistema.
2.- Sufijo formativo de sustantivos que denotan la procedencia original de un vocablo, expresión o giro lingüístico en una lengua, normalmente construída a partir de la raíz latina del nombre de ésta.
Muy bien, ya tenemos algo más claro: resulta que tenemos un sustantivo que denota una tendencia al yo. Claro, en una sociedad que tiende a la hipocresía, es obvio que esto no está demasiado bien. No es políticamente correcto.
Sin embargo pensemos en mi anterior entrada. Decía que existen dos tipos de dolor, uno rápido que duele inmensamente pero que con el tiempo se cura y existe la posibilidad de que quede la paz, y otro menos intenso, pero que nos empeñamos en prolongar durante el tiempo que haga falta dañándonos de una manera muy intensa. Y es entonces, cuando tenemos que preguntarnos: ¿no sería bueno que tuviéramos una tendencia acentuada al yo? No sería mejor que dijéramos: bien, puedo elegir y debo elegir para no sufrir, porque me quiero y entiendo que es mejor un sufrimiento corto que uno largo y sin visos de terminar.
Y eso, entonces sería egoísmo. Pero un egoísmo bien entendido y, por supuesto, necesario. Uno que nos haga pensar que la persona más importante de nuestra vida somos nosotros y que poca gente, por no decir nadie, va a mirar por nuestro bienestar como miramos nosotros mismos.
En la anterior entrada decía que cada uno debía elegir qué dolor quería. Hoy digo, que cada uno elija su actitud y decida si quiere practicar el egoísmo o no.
Balti
abril 25, 2011 at 8:09 pm
mola mola, las pocas mentales se te dan bien, me a molado muxo
vengatriz
abril 25, 2011 at 10:18 pm
Hay dos maneras de arreglar los problemas del mundo:
1. Que todo el mundo sea generoso, realmente generoso, que mire más por cualquiera antes de sí mismo. En este supuesto, todos cuidaríamos de todos.
2. Que todo el mundo sea egoísta, de tal manera que todos procuremos nuestra propia felicidad, sólo y exclusivamente, partiendo de la certeza de que a nadie le va a gustar tanto nuestra felicidad como a nosotros.
Teniendo en cuenta que el supuesto 1 es imposible, más vale que nos arrimemos al 2.
¡Aquí sigo!