Todo es nuevo cuando amanece. Cada día, podemos decidir si lo que tenemos delante nuestro es el desafío de la vida o es un problema que hay que resolver. Porque cada día, se introduce en nuestro cuerpo la posibilidad de 24 horas estupendas. No hay manera de ganar más ni de perder (aunque alguien así se empeñe el tiempo no se pierde, se invierte mejor o peor), es una “tabula rasa” que nos pone a todos por igual. Lo que nos distingue es cómo lo utilizamos, cómo pensamos sobre ese tiempo que tenemos.
Podemos decidir que el día que acaba de empezar es gris, porque pasaron una serie de cosas que, ciertamente, son horribles y que nos impiden centrarnos en nuestros quehaceres diarios.
También podemos decidir que el día que acaba de empezar es un día más, ni mejor ni peor, que pasará sin pena ni gloria por nuestra lista de días que pasarán sin pena ni gloria.
Sin embargo, sigo siendo de los que piensan que tenemos la posibilidad de mirar la vida con una sonrisa, sobre todo en estos tiempos que dicen que tenemos de crisis. Sigo pensando que la libertad última del hombre es la de la capacidad que tiene de decidir cómo quiere pensar sobre las cosas que pasan. Porque, si todo es nuevo cuando amanece, nuestra manera de ver las cosas también pueden ser nuevas cuando amanece y esa sonrisa a la vida empezará a gestar un cambio verdadero en todo el mundo. Porque siempre queda el perfume en la mano que arranca la flor…
vengatriz
abril 27, 2011 at 3:37 pm
Muy cierto. Y tampoco debemos olvidar que se puede rescatar un gran momento de casi cualquier día. No sólo debemos decidir que un día será bueno cuando empieza. Podemos decidir mejorarlo durante su desarrollo, incluso cuando está acabando… ¡la noche es jvoen!